SENTADA EN LA ARENA

Abordaré la crónica con un hecho actual. Sin utilizar su nombre verdadero, por respeto a su intimidad, diré que una joven canaria de veinte años llegó a Sao Paulo el pasado mes de Julio, Margarita la llamaré –dejando a su madre, soltera para más inri, sumida en su primera gran crisis existencial.

Añadiré otro personaje real, Lucrecia, de profesión abogada. Actualmente trabaja en el parlamento español y tampoco diré su verdadero nombre ni el partido para el que trabaja. Esta amiga a la que conocí hace veinte años o así (¡Margarita estaba naciendo entonces!), un día me recomendó y prestó un libro, “Las enseñanzas de Don Juan”.

Este libro es de Carlos Castaneda, nacido peruano y nacionalizado norteamericano. De profesión Antropólogo.

Debo añadir por lo pertinente, que Lucrecia y yo nos conocimos en este país, pero ambas somos extranjeras, aunque ambas nacionalizadas españolas.

Como pueden deducir estos “Quienes” de la crónica los llamaré “Los buscadores” que, aunque las principales son de sexo femenino, los secundarios no tienen edad, nacionalidad ni porvenir, como decía Facundo Cabral en su canción, No soy de aquí ni soy de allá.

Me considero uno de los “buscadores”, puesto que mi deseo de alejarme de mi lugar de nacimiento comenzó por allá por el 1968 de la era hippie, el 68 del Movimiento Mexicano de izquierdas; el 68 en la que el mundo quiso rebelarse contra el capitalismo, o el conformismo. En ese año leí casi todos los libros de EL TESORO DE LA JUVENTUD, una enciclopedia que me mostró con fotos en blanco y negro el mundo que me esperaba para ofrecerme mi lugar en él.

Bueno,  pero iba por el momento en el que me prestaron el libro “Las enseñanzas…” por aquellos días, más próximos en el tiempo, estaba ya estableciendo mis primeros lazos con mi residencia actual, en un pueblo del norte de Gran Canaria. Desde hacía varios lustros que habitaba en Madrid y estaba contemplando la posibilidad de cambiar toda mi vida. En ese libro un brujo Yaqui llamado Don Juan, le pide a Carlos Castaneda encontrar su sitio en el zaguán sintiéndolo con los ojos. Añado que Carlos Castaneda inicialmente solicitó ser instruido sobre la planta de peyote. Don Juan le señala que “podrá tener en cuenta dicha petición siempre y cuando el señor Castaneda tuviera claridad de mente y propósito con respecto a lo que le había preguntado”.

Tras horas intentando encontrar su sitio Castaneda finalmente encuentra “el sitio” y “el enemigo”. Don Juan le dice a Castaneda que  esos dos lugares son la clave del bienestar de un hombre, especialmente si busca conocimiento. “El mero acto de sentarse en el sitio propio crea fuerza superior…en cambio, el enemigo debilita e incluso puede causar la muerte”.

Bueno, encontré “el sitio”. Decirlo ahora suena vacuo o hueco. Pero les puedo jurar que jamás pensé que ese sitio existía. Durante mi vida había estado en muchos lugares. Mi trabajo me llevaba a visitar distintos países de varios continentes. Vivía en Madrid pero no me sentía madrileña.

Aprender o enseñar que se puede aprender algo nuevo conlleva el desaprender. Creo que aprendí cual era mi sitio porque permití que Don Juan me llevara a la percepción nueva que brindaba su cultura y no la mía.

Margarita estudia arquitectura y sobre la arquitectura y acerca  del “lugar” Jacques Derrida, ciudadano francés nacido en Argelia, considerado uno de los pensadores y
filósofos contemporáneos más influyentes, dijo: “La cuestión de la arquitectura es de hecho el problema del lugar, de tener lugar en el espacio. El establecimiento de un lugar que hasta entonces no había existido y que está de acuerdo con lo que sucederá allí un día: eso es un lugar”.

Y añade que dijo Mallarmé, otro poeta francés ce qui a lieu, c’est le lieu, en español “lo que tiene lugar es la ubicación”. O sea que uno antes inventa el lugar y luego lo habita. Es como si fuéramos de forma definitiva dueños de nuestro destino.

Gran Canaria, Agosto

©Luzmaríacabrales2017

Acerca de vazuge

Actualmente vivo en una isla, lejos de Colombia y Barranquilla, el lugar de mi inspiración está al otro lado de la puerta en un marco de Palmeras Reinas que sólo se dan en Gran Canaria, España.
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