La segunda

La mejor época para viajar era siempre cuando empezaban las lluvias. No te iba a sofocar el calor y aún no se habían inundado las carreteras ni las trochas. Había que tomar la decisión y punto.

Beli, mi madre, no tenía reparos a la hora de iniciar un viaje, le decía a Inés, una muchacha que trabajaba en la casa, que cuando regresara de la tienda ( una especie de colmado donde también vendían cervezas y arepas ), que me tuviera vestida con el traje rosado o con cualquiera que fuera indicio que me esperaba una buena travesía.

A mi hermano mayor también le consultaban, pero finalmente, ante sus preguntas inquietantes del tipo : ¿ Que voy a comer ? ¿ que me pongo ? ¿ donde voy a comer ?. Mi madre declinaba diciendo: “tú te quedas con tu papá”

Un taxi nos dejaba en la estación de buses del Paseo Bolivar. No había ninguna necesidad de comprar un tiquete. Sólo había que preguntar cuál era el próximo bus en salir, hacia el caserío mas cercano al “Guamo”.

En realidad íbamos a “Barbú”, el campamento que la “Andian”, una compañía americana explotadora de petroleo, había construido para sus obreros de primera y segunda y sus familias.

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La primera

Lo que yo quiera

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