OSIRIS O EL PESO

 

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Sé que mi hija April te ha dado una alegría inmensa al aceptarte como su amiga en el Face. 
Aunque no conocías a mi hija, porque nació cuando tú vivías en España y no pasabas por Barranquilla –mucho menos ibas a pasar por Atlanta; no recordabas su nombre, o no lo querías recordar porque llamarse April no te cuadraba para una niña. 
Lo que pasó es que mi muro se llenó de comentarios en cuanto tuve el accidente al llegar a Indian Shores. Estabas en el Super, con la compra de los viernes allá en ese pueblo llamado Mazo, de tu Isla Bonita, un lugar al que ya nunca iré pero que desde aquí veo perfecto que es el lugar ideal para vivir. Como te iba diciendo, ibas buscando tomates pera, cuando te sonó el timbre de bicicleta que tienes asignado a la entrada de un comentario en tu muro; tienes un comportamiento habitual –no te preocupes, April también lo tiene; y tuviste que entrar en tu Face para ver mi rostro en una de las últimas fotografías que me hicieron. Esa que puso la foto fue mi nuera que vive con Julián (¿te acuerdas de él, el hijo de Tomás?) en el Condado de Erie, en Alden. No la conoces, digo, a mi nuera, pero como puso en el muro Un nuevo ángel entró en el cielo, pues tú te quedaste pensando “¡Esa Lili sí que está gorda!”. No se te pasó por la cabeza que había muerto. No entiendo en qué estabas pensando cuando mi nuera puso esa tontería del ángel. 
Y así te hubieras quedado una década más sin saber de mí, pero a tu hermana Valeria no se le ocurrió otra cosa que llamarte por Skype –bueno, primero te mandó un whatsapp. “¿Estás en tu casa?”; y enseguida “Te llamo por Skype, ponte”. No necesitó más de dos frases para decirte que ni siquiera mis hijos se habían recuperado aún del susto que se les metió en el cuerpo, cuando se enteraron de la torta que me pegué en la Carretera Estatal de Florida, la A1A, en el cruce con Jacksonville Beach. 
Esa noche se repetía en tu mente una y otra vez esa vuelta de campana que me mató. Comenzaste otra vez con tus comportamientos habituales a preguntarle a tu hermana por whatsapp que cuántos hijos tenía yo; de cual marido era cada hijo; incluso a preguntarle a la pobre de la Valeria si no tenía una foto conmigo de esta última navidad cuando ella estuvo en Tampa y yo la acerqué hasta el aeropuerto para que volviera a Barranquilla. 
Te pusiste a rebuscar en la memoria cuando fue la última vez que escuchaste mi voz. ¿Quince años? ¿Veinte? Yo si me acuerdo, fue aquella vez que llamé a tu casa de Bellavista, mi mamá ya tenía la cabeza dañada, pero tenía ganas de escucharla, así que llamé y tú me contestaste. Me asusté, no sé porqué y lo único que se me ocurrió decirte fue Ay Carolina, ya estamos viejas, a lo que tú reaccionaste Vieja estarás tú, yo estoy joven. Si, fue hace veinticinco años. 
Ahora el tiempo no existe. ¡Fíjate que día tan brillante! Estás tú aquí a mi lado como si nada, tomándote un cubata. ¿A que no tienes sueño ni hambre? Fíjate que montón de gente bailando Piepelúo. Los músicos parecen borrachos, pero escucha: tocan bien. ¿Tú crees que si estuviéramos todos vivos, ya no nos habríamos caído patas abajo con el montón de alcohol que llevamos en las venas? 
Me preguntas que porqué estás tú aquí en lugar de Cuquita y David si tú estás viva y ellos no, yo te contesto que no es algo que yo pueda manejar. Estás aquí tal vez porque siempre tuve algo que decirte y no pude. 
Verás, te diré que a lo mejor, Norman Mailer tiene algo que ver en todo esto. Cuando estudiaba en El Hebreo Unión, tú todavía venías a mi casa del Prado, mi mamá no te había prohibido la entrada. Si, eso fue como en el setenta o así, todavía Janis estaba viva, ahora anda por ahí en otro cuerpo. Bueno, para resumir, en esa época me encontré un libro que se llamaba…Noches de la Antigüedad…una historia de los egipcios, en la que un hombre llamado algo así como Menenhe…bueno, da igual, ese hombre cuenta como si nada la historia de sus cuatro vidas, la historia de su viaje al Mundo de los Muertos. Creo que me influyó mucho más que la historia de la resurrección de Jesucristo que me contaba mi mamá a falta de la clase de catequesis, debido a que se empeñó que estudiara en ese colegio de judíos. 
Que sepas que aún estoy en el limbo. Y aunque me bautizaron como tú muy bien sabes, a toda la intendencia de por aquí le pilló por sorpresa mi accidente y ya me han hecho saber que aún no han decidido si mandarme para arriba o para abajo. En el medio estoy muy bien. Y aunque no tengo consistencia, cuanto más le dan al Me Gusta en el Face, más ligera me siento. Por ahora aparezco a voluntad en aquellos sitios de parranda a los que fui contigo, apenas celebramos los quince. 
De tal forma que la primera vez que me di cuenta que ya la había palmado, estaba aquí tan contenta, contigo en esta finca a la que vinimos a la boda de los Dangond. Cuando éramos dos chicas, dieciséis teníamos. Me di cuenta que esto no podía ser cierto porque yo te he visto en el Face y ya no eres ninguna niña. Pues en esta fiesta estábamos como cuando tú me cogías la ropa porque estaba más nueva que la tuya… ¡Y te sentaba tan bien! 
Andaba yo por ahí como soñando. Nada de invitación a recorrer un túnel, no te creas. Seguía tan campante en aquella boda que duró siete días y siete noches. Allá en Córdoba. Aquí, que supongo yo, que está entre el Tibiri y el Tábara, cuando iba por la octava noche y estábamos sentadas en una de las docenas de alargadas mesas repletas de invitados, tú con Dago y yo con Juan José –las primas con los primos, tú llevabas el entero verde que te quedaba como un guante. Yo, algo más discreta con el traje que me hizo Dorita. Los pelaos de traje perfumados y aún sobrios, siempre sobrios. En ese momento me di cuenta que debía aliviar el peso de mi corazón. 
Ven y te explico. Aunque sabía que estaba muerta, eso no me preocupaba. Es egoísta de mi parte, pero tampoco me preocupaban ni mis hijos, ni mis nueras, ni mis yernos. Pero como quiera que esta eterna fiesta me producía hastío, comencé a sentir ese desasosiego que creía ya extinguido respecto a lo que me pasó contigo. En el libro de los Muertos, ese del que te hablé. O ese del que Norman Mailer sacó su novela, se explica que para poder convertirme en inmortal, debía contrapesar mi corazón con una pluma. Mi corazón pesaba un quintal por la traición que había cometido contigo. Supongo que es por eso que estábamos aquí; porque debo justificarme ante ti. 
No, no me digas que me has perdonado. No digas que fue un malentendido. Es verdad que mi mamá nos escuchó hablar en la cocina acerca de lo mucho que deseabas ser otra. U otro, depende de cómo se mire ahora. Al día siguiente de tu confesión, yo te defraudé contándole a mi mamá que tú querías ser un hombre. 
No me extraña que ahora guardes silencio. Como cuando mamá te dijo que no volvieras por nuestra casa del Prado. Siempre te recordaba, y me preguntaba que qué sería de tu vida. Luego se inventó esta maravilla del Face y pude ver tu nuevo aspecto. ¡Qué buenmozo te quedaste! 
Al principio no aceptabas ser mi amigo en el Face, tal vez porque el nuevo apellido Walker, no te sonaba de nada. Pero ante mi insistencia y al ver a Liliana Walker, caíste en cuenta de que era yo, tu prima, con la que jugaste primero a las muñecas y luego a tener novio. Ahora sé que los guardianes del inframundo serán afines a mí, ahora que te he contado la verdad. Por eso Cuquita y David no están aquí, porque ellos han apaciguado a los guardianes de las puertas del inframundo. ¡Por cierto!, subí al Face una foto que nos hicimos juntos en el salón de la tía Elvira en el momento de mayor gloria de juventud; deseándoles un hasta pronto que no cumplió mis expectativas, porque en vez de ellos estabas tú. Comprendí que seguiría en este banquete bebiendo y comiendo hasta la eternidad si no descargaba ese secreto. Osiris, es la que pone la levedad de la pluma de la justicia en la balanza donde está mi corazón. Osiris, mi primo, eres tú. 
Ahora ya me voy sintiendo más ligera, pero aún no he perdido mi temperamento curioso y juguetón, y me complace ver que April ha visto la foto en la que la etiquetaste, y le ha dado al Me Gusta. Tú viendo que estaba ahí no más, al otro lado del muro como los otros trescientos y pico de seguidores tuyos, le has enviado un mensaje, por fin, que rompiera ese miedo a que supiera de ti. Le has enviado un comentario: ¿Por qué te llamas April? Se lo has mandado en inglés, pero ella te ha contestado en español. Es que mi mamá me dijo que Abril había sido el mes en el que se había celebrado una boda en Córdoba, en la que estuvo contigo casi siete días y sus noches. Ella fue muy feliz. 

©luzmaríacabralesllach2017

Acerca de vazuge

Actualmente vivo en una isla, lejos de Colombia y Barranquilla, el lugar de mi inspiración está al otro lado de la puerta en un marco de Palmeras Reinas que sólo se dan en Gran Canaria, España.
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3 respuestas a OSIRIS O EL PESO

    • Luz dijo:

      Hola, has escrito un comentario que me lleva a una página web.

      Explicame como leo tu comentario para poder responder.

      Un saludo.

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